Wednesday, May 23, 2007
Hace tiempo

Sunday, May 13, 2007
Mi Libreta Roja
Mateo abrió los ojos. El reloj marcaba las cuatro de la madrugada. Llevaba varíos días en que despertaba justo a esa hora. Ni un minuto más, ni un minuto menos. "¿Qué me habrá pasado en mi otra vida a las cuatro de la madrugada?", pensó en voz alta y el silencio de su habitación estaba aún dormido como para responderle.
Preparó un café, sin azúcar y bien cargado. Como los cafés deben de tomarse. Deambuló por el departamento del cual debía dos meses de renta, hasta que el sol entró por la ventana, sin avisar, sin tocar.
La duda entre camisa negra y camisa blanca quedó resuelta cuando escogió la camisa gris. Corbata negra y traje negro, como el color de su café. Tomó su portafolio y salió a intentar resolver el mundo, el mundo de problemas de sus clientes. Dejando de lado el suyo propio.
El día pasó sin novedad. Prisas, tráfico, mentadas de madre, comida rápida, café, cigarillos, angustia, más café, soledad, más café. Cuando recordó, miró su reloj y marcaba las nueve de la noche. El día pasó de largo y el ni siquiera lo sintió.
Abordó su viejo coche, regalo del Tío Napo, el cual tiene la cualidad de convertirse en lancha cuando el tráfico se convierte en mar. A dos cuadras de su casa, viró a la derecha cuando debía hacerlo a la izquierda. ¿A donde iba? No lo sabía. Solo quería ser dueño de su destino por un rato. Apagó su localizador y deambuló por la ciudad.
La luz de neón iluminó sus arrugas que prematuramente le han aparecido. Sobre su rostro se proyectaba "BAR DE LOS EXTRAÑOS EN LA NOCHE", al revés, claro está como suelen ser los reflejos. Entró, y pensó pasar desapercibido. Pero los ojos ajenos nunca piden permiso para mirar de reojo, es un permiso autoconcedido, como cuando los ojos propios disimuladamente miran a lo ajeno. Por que será que lo ajeno es lo más deseado. "Soy un amante de lo ajeno...", pensó en silencio. Llegó directo a la barra y pidió un escocés doble, en las rocas.
Cuando había consumido la mitad del escocés, el cantinero le sirvió otro igual. "Yo no te pedí ese." dijo. "Tu no, pero tu soledad si.", dijo el cantinero. "¿Mi soledad?" increpó. "Sí, está aquí sentada junto a tí, tu le pagaste la entrada y está pide y pide." dijo y se retiró.
Maldita soledad, aparte de autoinvitada me quiere ver ebrio.
Entonces Mateo, se sintió observado. Viendo de reojo en el espejo de enfrente, buscó la mirada ajena que lo observaba. Y cuando la encontró, dejó de sentirla ajena y la hizo propia.
Se levantó y llegó a la mesa observadora. Y le dijo: "¿No te han dicho que mirar a las personas sin pedir permiso merece un beso?". Le respondió una voz que se le hizo conocida: "Entonces me debes dos, por que desde que entraste no has dejado de verme de reojo por el espejo de enfrente", le respondieron.
"Malditas niñas de mis ojos, son unas putas", dijo riendo.
"Unas putas que tienen buenos gustos, y no cobran por verme.", le respondieron.
"Mi nombre es Mateo". dijo.
"Ya lo sabía, acaso no me recuerdas?" fue la respuesta.
En eso Mateo, cerró por un segundo sus ojos y en su mente pasaron a veinticuatro por segundo las escenas de todas y cada una de sus noches de conquistador.
"Claro, has cambiado un poco", dijo mintiendo, pues en realidad no sabía con quien estaba sentado.
"¿Por cierto, sigues roncando?" le preguntó.
¡En la madre! pensó Mateo. Y recordó el consejo del tipo Napo, que un día le dijo que cargara siempre con una libreta de bolsillo. No para apuntar teléfonos, sino para usarla después de hacer el amor y apuntar los nombres ajenos, fechas, horas y nombres de hoteles. Y Mateo, algún día tuvo esa libreta, pero en alguna cama ajena la había olvidado.
"Ronco por que siento frío y necesito un abrazo que me caliente el pecho.", dijo sonriendo.
"Ya lo sabía, lo descubrí después de treinta minutos de acariciar tu cuerpo dormido.", respuesta pronta a respuesta pronta.
Un par de escoceses dobles y Mateo se levantó al baño.
Regresa a la mesa y la mesa está vacía, con un cigarrillo a medio prender y con el ticket de la cuenta pagada a un lado.
Y abajo del ticket, una libreta roja de forro de tela, algo roída y deshilada.
Mateo la reconoce y la abre.
En las primeras hojas, tenía una bitácora detallada de nombres, fechas, horas, y nombres de hoteles. La última anotación de su puño y letra, decía: "25 de noviembre. 4.00 am. Casa propia. Su nombre no me importa, le llamo deseo ... y me responde." . A partir de ahí no reconoció la letra. Lo siguiente estaba redactado a manera de diario.
Comienza a leer y tenía anotaciones cada tercer día. Cada tercer día a partir de la última anotación. Entonces dedujo que el último nombre, era el de la mirada ajena cuasipropia que había pagado la cuenta.
Cada tercer día, decía "Te extraño Mateo".
Hasta el día 27 y decía: "Comienzo a dejar de extrañarte".
El día 28 decía: "¿Por que demonios no apareces de nueva cuenta? Justo hoy que necesito un abrazo y me que han diagnosticado que pronto moriré.".
El día 45 decía: "Hoy saldré a buscarte. Reservé la mesa donde te conocí. Y si te encuentro, te dejaré la libreta roja deshilada junto a la cuenta pagada. Y cuando la descubras, será demasiado tarde. Habré tomado la decisión. La vida o lo poco que me queda de ella ha sido difícil sin tí. Si solo fuí una aventura para vos, para mí fuiste el pretexto idóneo por el que valían la pena estos cuarenta y cinco días de agonía. Por cierto, mi nombre es el último que no quisiste escribir... llámame deseo.".
Mateo bajó la mirada. Una lágrima corrió la tinta negra de la última anotación. Levantó la mano y pidió dos escoceses dobles.
"¿Dos?" dijo el cantinero.
"Si, dos. Uno para mí y otro para mi soledad. La cuenta corre por mi cuenta.", respondió.
Guardó la libreta en la bolsa de su saco negro.
Rato después abrió la puerta del departamento y se acostó. Horas después, despertó a las cuatro de la madrugada en punto. Abrió los ojos. Semidesnudo y a oscuras, musitó: "Perdóname, hubiera querido estar junto a tí esos cuarenta y cinco días....". No terminó de hilar la frase y el sueño lo venció, y despertó pasadas las ocho de la mañana. Se levantó, y el agua caliente de la ducha no había llegado a la cita. Así que su cuerpo se estiró con el agua helada. Sin dudar, escogió la camisa blanca y corbata negra y el mismo traje negro. Tomó su portafolio. No tuvo tiempo para prepararse un café, sin azúcar. Negro como su traje.
Caminó hasta la esquina en que suele estacionar su viejo coche, abrió la puerta y antes de encender el coche, observó una nota escrita a mano en una servilleta del "BAR SICILIA". Decía la nota: "AYÚDAME A VIVIR OTROS CUARENTA Y CINCO DÍAS, SI DECIDES, ESTARÉ ESPERÁNDOTE EN EL CAFÉ "EL OCHO", EN LA CALLE DE ROBLE ESQUINA AVENIDA PRINCIPAL. TE HABRÉ PEDIDO UN CAFÉ BIEN CARGADO, SIN AZUCAR, NO DEJES SE ENFRÍE.".
Mateo encendió su coche y metió la mano en la bolsa del saco negro buscando sus cigarros. No los encontró. Bajó la ventanilla y saco de la bolsa la libreta roja y la tiró. Y como buen marinero, se puso su chaleco rojo salvavidas y tomó el timonel de su lancha surcando los mares con dirección a la esquina de Calle Roble y Avenida Principal.
Sobra decir que esos cuarenta y cinco días en que Mateo olvidó el mundo de sus clientes solo para vivir el suyo propio, han valido tanto como sus veintiocho años en esta tierra. El día cuarenta y seis, se despertó a las cuatro de la madrugada, cansado, agobiado, el sol no entró horas después, pues amaneció nublado. Se puso su traje negro, camisa negra y corbata negra.
Se subió a su lancha. La echó a andar. Se detuvo en la esquina de Calle Roble y Avenida Principal. Compró un ramo de tulipanes blancos. Al bajar de su lancha, sacó su paraguas negro y lo sostuvo en su mano derecha. En su mano izquierda un ramo de tulipanes blanco mirando al suelo. Caminó entre jardines y avenidas de lápidas. Solo había una silla enfrente a la tumba. Se sentó. Rezó un poco.
Minutos después, se levantó y soltó el ramo de tulipanes blancos sobre la lápida. Emprendió el camino de regreso y sus meñiques descalzos amorotonados de pegar en las esquinas de las tumbas aledañas.
Cerró su paraguas. La lluvia recorrió todo su cuerpo y le disimuló las lágrimas.
Y pensó: ¡Que irónica es la vida!. Soy el único que llora cuando desea un ... Deseo.
El día cuarenta y siete, y sucesivos, siempre despertaba pasadas las ocho de la mañana. Y después de ponerse su corbata negra, enfilaba rumbo a Calle Roble esquina Avenida Principal a comprar un tulipán blanco.
VM
Wednesday, May 09, 2007
No me importa el pose
Hace 28 años os he conocido. Digo 28.8 años, parte proporcional por los nueve meses que me cargaste sobre vos. No te importo, como sería, si gordo o flaco, como ahora me importa, si rizado o lacio, si le apostaba al rojo o al negro, si preferia pares o nones. Solo me diste nueve meses de tus sesenta y tantos.
Nací un domingo lluvioso por la tarde. El cielo lloró cuando nací. Eso me lo has repetido 28 veces, y no sabes como me partes el alma. Cada domingo nublado, me asomo a la ventana y me siento ... me siento tan como no sabes.
Por eso suelo escribir los domingos lluviosos, esos días son mi mejor inspiración. Madre mía, si supieras usar el internet, sabrías tanto de mí que no te he dicho.
Que los domingos nublados, suelo huir de mí, busco desesperadamente un expresso doble hasta en el oxxo, que no me gusta estar solo los domingos, que busco tus brazos sin encontrarlos, que busco pretextos para no pretextear, que me pongo en posición fetal, buscándote, y tu lejos.... como 600 kms de mí, que los recorro a ojos cerrados y se convierten en segundos a mi velocidad luz. Velocidad luz que yo he recorrido tantas y tantas veces.
Cuando pienso en vos, , las deudas infinitas se me hacen finitas, las distancias ...caminables, imaginarias. La distancia es mero instinto dijo alguien por ahí. y si un día te fueras, iría a rodillas a buscarte. No me preguntes por que no lo hago ahora. Si cada día te pienso, tu de que vas?
Eres mi nombre, mi apellido materno. Rodríguez soy y siempre lo seré. Honor a tí, solo pido perdones tantas noches de insomnio, procuro curarte en vida de tantas heridas, recuestate en mi brazo, pega tu cabeza en mi brazo hinchado del gimnasio, vanidad de vanidades......... todo es vanidad........ dame un beso y con eso me perdono, me reinicio.
Hay una teoría que dice, no sé si la sepas, que la gente que en esta vida coincide con nosotros, en la otra vida jugaron otro papel.
Quien serías? No lo sé. Pero solo sé, que debiste aparecer en esta vida, mi vida, siendo mi madre, y diciéndome: MIJO, NO PASA NADA, RESISTE, LA VIDA SIGUE.
VM

